OPINIÓN, POLÍTICA

Votos endiablados

En unos días se conmemorará el segundo aniversario del fallecimiento del escritor José Luis Sampedro, un nonagenario que logró desperezar muchas mentes adormiladas. Nos recordó durante su última etapa, junto a Stéphane Hessel, que sólo desde la indignación puede nacer la resistencia ante las realidades que no son justas. Su recuerdo se me presenta después de que el Parlamento canario haya aprobado sin consenso una nueva propuesta de reforma del Estatuto de Autonomía. Ahora la pelota estará en el tejado de las Cortes. Veremos qué pasa, aunque poca confianza hay en que sea finalmente aprobada.

Esta libre asociación de ideas hunde sus raíces en que, una vez más, parece que se ha hurtado a la ciudadanía, ya no solo la capacidad de participar activamente en el proceso, sino también la de simplemente poder saber más acerca del ínclito documento. Prácticamente no ha habido debate y si lo ha habido no ha girado sobre los contenidos sino acerca de otras cuitas.

Los «dimes y diretes» de todos han ido encaminados a tirar barro sobre el adversario, perdiendo de este modo una oportunidad más de mejorar el Estatuto vigente. El documento salido de Teobaldo Power promueve por ejemplo que el cuestionado sistema electoral siga tal y como está, pero reduciendo unas inefables, por desorbitadas, barreras electorales. De este modo, los mismos que las subieron para quitarse de en medio a Izquierda Unida ahora las quieren devolver a donde estaban. También deja la puerta abierta a que se cree una circunscripción autonómica. Otra novedad de calado, es que se podrá disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas. Esto equipararía al Archipiélago con comunidades como Cataluña o Andalucía, «casi adictas» a esta prerrogativa.

Igual de interesante es la relación de derechos y deberes de los canarios. Si bien son en su mayoría similares a los contemplados en la Constitución, no es cuestión baladí para la ciudadanía que se repitan en este nonato documento. Así, se protege a menores y a mayores de forma explícita. A estos últimos se les garantiza una vida digna. También irrumpe con fuerza la igualdad y el reconocimiento de, entre otros, los derechos de orientación sexual, testamento vital o memoria histórica.

En el mismo apartado de derechos se incluye el derecho a una vivienda digna y se aclara que habrá una regulación del uso del suelo de acuerdo con el interés general para evitar la especulación. Asimismo, se introduce el concepto de derecho a una «renta de ciudadanía», que no es otra cosa sino tratar de garantizar unas condiciones de vida digna a aquellos que se encuentren en situación de exclusión social. Digno, digna, dignidad… Este término se repite hasta la saciedad.

La propuesta remitida al Congreso con los votos de CC y PSC-PSOE posiblemente sea muy mejorable y tenga puntos oscuros, pero el problema ha estado en que se ha hecho lo mismo de siempre. Mientras los papeles decían una cosa, los dirigentes políticos soflamaban otra; y entre trifulca y trifulca los ciudadanos se han quedado sin saber qué diablos han aprobado sus señorías.

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ELBLOGOFEROZ, OPINIÓN, PERIODISMO

Hambrientos, pero periodistas

El pasado mes de febrero había inscritos en Canarias como demandantes de empleo un total de 224 periodistas. La cifra, quizás insignificante entre tanto paro, no refleja el drama real por el que ha pasado la profesión y los medios de comunicación durante los últimos años en el Archipiélago.

El sector de la comunicación ha visto cómo con el paso de los días los ingresos iban menguando paulatinamente dando lugar al aumento exponencial del desempleo y el cierre de proyectos. De este modo, el paro en el sector entre 2009 y 2014 aumentó un 32 por ciento, como bien constata el «Informe Anual de la Profesión Periodística 2014».

Otro ejemplo ha sido el experimentado por los grandes periódicos de las Islas que en la primera década de siglo vieron caer sus ventas medias diarias de ejemplares un 33,4 por ciento pasando de colocar 116.782 diarios cada día en 2000 a 77.740 copias en 2010. Y las cifras en los años siguientes no han mejorado, al igual que tampoco lo han hecho los ingresos publicitarios.

Este calvario ha ido de la mano de otro más grave aún: la pérdida de credibilidad. Da igual lo que suceda, parece que los medios de comunicación para la generalidad ciudadana no cuentan la verdad y están mediatizados por los poderes económicos. Además, la percepción que se tiene de los periodistas en España no ha pasado por sus mejores momentos y está en franca decadencia, hecho este refrendado por los datos de 2013 del Centro de Investigaciones Sociológicas que confirmaba que la de periodista es una de las profesiones peor valoradas y que menos recomiendan padres y madres a sus hijos.

Y aquí nos encontramos con una terrible encrucijada. No es sencillo informar cuando se vive en una situación extremadamente precaria o cuando el pan y la sal de tu familia están en juego, aunque también es cierto que nunca ha sido fácil informar ni siquiera cuando «todo iba sobre ruedas». Lo que es meridianamente veraz es que la actual situación económica en absoluto es excusa para que nos zambullamos en un subjetivismo radical dejando a un lado la profesionalidad o el mínimo rigor. Lo que se nos exige, como a cualquiera, es que actuemos con moderación, rectitud de comportamiento y honradez.

Por esta razón y ya que parece claro que el modelo empresarial periodístico clásico sí está en crisis, debemos redoblar esfuerzos para que no entre en crisis también el periodismo, que no es un pasatiempo sino un oficio. Teniendo esto claro, las empresas periodísticas deben recordar siempre que sus legítimos objetivos económicos están limitados por las condiciones que deben hacer posible la prestación de un derecho fundamental: el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz que reconoce la Constitución.

Asimismo debemos insistir en que la información tiene una importancia decisiva en el desarrollo individual y social, al igual que es imprescindible para la vida democrática, que debe garantizar la participación ciudadana en las cuestiones públicas; y nada mejor para promocionarla que a través de una información oportuna. Por ello, ahora más que nunca debemos estar vigilantes para que no nos engañen torticeramente.

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ECONOMÍA, ELBLOGOFEROZ, OPINIÓN

Desprotegidos sociales

El porcentaje de beneficiarios de prestaciones o subsidios de la Seguridad Social en materia de desempleo en Canarias ha caído doce puntos en los últimos ocho años. Si bien es cierto que ahora el número de personas que las perciben es mucho mayor que antes, también lo es que la proporción se ha reducido mucho, muchísimo. Mientras en enero de 2008, tenía derecho el 60,9 por ciento de los desempleados, actualmente la cifra sólo alcanza al 48,3 por ciento.

Estos números suponen que entonces los «desprotegidos» eran 58.175, y ahora el total se ha duplicado hasta las 134.371 personas. Quizá esta sentencia sea perfecta para un buen titular, el problema está en que la realidad que describe lo estropea severamente.

El empleo y, por tanto, también el desempleo se han convertido en moneda de cambio en un debate político de bajos vuelos, que sólo busca afear al contrario y evita poner soluciones reales o confiables sobre la mesa. Algunos aseguran que la tendencia ha cambiado y que los síntomas de recuperación se verán pronto, pero mientras tanto esto ocurre los ciudadanos se van quedando sin opciones. «Vuelva usted mañana, no reúne los requisitos, le falta un papel…» Cabe preguntarse qué opciones le quedan a alguien a quien «a bocajarro» le dicen que por tener más de 55 años ya nunca volverá a encontrar un puesto de trabajo o a alguien con personas a su cargo que no reúne los requisitos para acceder a un subsidio de 400 euros.

Algunas mentes «preclaras» invitan a llegar a pactos «dejando a un lado las ideologías» para combatir el paro, olvidando torticeramente que en la ideología está la raíz de cada solución. Quién afirme que éstas no existen o pueden apartarse, no dice la verdad; y es que la forma de ver la vida y, por tanto, de actuar ante ella depende directamente de nuestro ideario.

En materia de empleo, mientras unos hablan de derechos otros lo quieren reducir todo a beneficencia. Este último punto de vista es muy peligroso, ya que se transmiten mensajes a la sociedad del tipo de que «hay mucho pícaro suelto que quiere vivir del cuento»; que el sistema no puede sostenerse; o incluso se llega a responsabilizar al débil de su situación. Y es aquí donde aparece la caridad para limpiar conciencias, pero también para dejar bien claro al pobre con quién se está en deuda tras el oportuno acto de filantropía.

Las organizaciones no gubernamentales pueden hacer lo que estimen oportuno en cuanto a beneficencia o caridad se refiere, pero los poderes públicos deben recordar lo que estipula la Constitución vigente al respecto. La Carta Magna les obliga en su artículo 41 a poner en marcha medidas que «garanticen la asistencia y prestaciones sociales suficientes ante situaciones de necesidad, especialmente en caso de desempleo». Pues eso, más claro, agua. Aquí no debe hablarse de compasión por el necesitado, tiene que hablarse de un deber de las administraciones públicas, es decir, de nuestros gobiernos ante sus ciudadanos.

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ELBLOGOFEROZ, OPINIÓN, SOCIEDAD

In English, please

La Unión Europea y Estados Unidos continúan negociando el Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP), un documento que, sin resquicio a la duda, se presenta fundamental para nuestro futuro y del que lamentablemente poco se sabe. El desconocimiento es tal que un grupo de eurodiputados ha demandado que los documentos publicados en las web oficiales sean accesibles en las diferentes lenguas de la UE y no sólo en inglés como ha ocurrido hasta ahora, dejando así en evidencia el poco grado de integración alcanzado por la ciudadanía.

Lo cierto es que la mayoría de los europeos no alcanza los tan deseados niveles B2 o C1 en inglés, que supondrían la llave maestra para desenvolverse con soltura y sin problemas entre el papeleo administrativo de la Unión. Ante esta fatídica realidad, la tan deseada «transparencia» se queda en simple papel mojado.

Justo en el Debate general sobre el estado de la nacionalidad canaria celebrado en el Parlamento de Canarias el 25 de marzo de 2010, hace cinco años, el actual presidente del Gobierno regional, Paulino Rivero, afirmó que su Ejecutivo estaba haciendo «una apuesta decidida, sin referencia en Canarias, por que Canarias fuera una sociedad, un pueblo bilingüe». Según explicó entonces, 348 centros impartían enseñanza bilingüe. La fecha fijada para alcanzar esta singular meta era 2020. Parece obvio que en estos años se ha avanzado en las Islas en materia idiomática, ya que era del todo «incomprensible» que siendo el turismo motor económico, la población tuviese estos claros déficits formativos.

Pero aunque el progreso está, aún queda un largo trecho por recorrer. Hace justo un año, en febrero de 2014, sólo un 3,2 por ciento de los desempleados en las Islas «manifestaba» tener un nivel alto de inglés. Porcentaje pírrico que contrastaba con el 74,1 que reconocía carecer de conocimientos de inglés. Esto viene a significar que de cada cuatro parados, tres no sabe este idioma y entre los que lo sabe la mayoría tiene una noción baja. A nadie se le escapa que teniendo las actuales tasas de desempleo, que superan el 33 por ciento, el desconocimiento de otros idiomas se torna en escollo casi insalvable para mejorar la empleabilidad de la población más vulnerable al paro.

Más halagüeño sin embargo es el resultado obtenido por el Archipiélago en el último «Informe EF EPI» que estudia el nivel de inglés. Las Islas se sitúan como la sexta comunidad autónoma con mejor nivel de inglés al obtener 57,13 puntos, ligeramente por debajo de la media estatal que es de 57,18 puntos. Independientemente de los números, este documento desvela que en España las mujeres hablan mejor este idioma que los hombres y, curiosamente, que los adultos de entre 35 y 44 años, son quienes mejor lo hablan. También destaca los avances llevados a cabo.

Parece que en este camino ya no cabe el punto de retorno. Por eso es imprescindible la concienciación de todos para apostar por la educación idiomática. Inglés, alemán o francés son lenguas que nos ayudarán a relacionarnos con nuestros vecinos; pero también debemos estar pendientes de los países con economías emergentes. Y claro está, saber más es «conditio sine qua non» para acrecentar nuestras opciones de encontrar un empleo, pero también y sobre todo para «empoderar» a la ciudadanía para que pueda tener voz y voto en la Unión Europea del presente.

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POLÍTICA, TERTULIA

Baile de sillas

Todos comenzaron a bailar. Este viernes he participado en una tertulia en la que entre otros temas se ha abordado, con cierto punto de surrealismo, el proceso de selección de los candidatos a las próximas elecciones locales y autonómicas, que se celebrarán el mes de mayo.

Canarias Despierta 06.03.2015

Nota: Programa ‘Canarias Despierta’ de Canal 4 Tenerife. La tertulia comienza a partir de la 1h 29′.

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ELBLOGOFEROZ, OPINIÓN, SOCIEDAD

Emparedar al gordo

Somos globales para lo bueno y para lo malo. La globalización es una realidad que contiene mejoras, pero también ha acarreado graves problemas a nuestra sociedad. Entre ellos, un modelo de vida que trae consigo contrariedades como el sobrepeso y sus consecuencias negativas. En Canarias, el 44,2 por ciento de los menores de entre seis y nueve años padece sobrepeso u obesidad, según los datos del informe «Aladino 2014». Entre los adultos, la cifra es mayor: El último estudio del INE acerca de la cuestión, con datos de 2013, desvela que en las Islas unos 850.000 adultos tienen sobrepeso o sufren obesidad. Eso implica a más del 50 por ciento de los ciudadanos.

Nuestro estilo de vida lo ha ido variando todo. Poco a poco nuestras ciudades y pueblos se han ido transformando y se han quedado sin lugares donde hacer deporte; cada vez pasamos más tiempo sentados delante de una pantalla, nos invade la comida rápida y las nuevas tecnologías nos permiten no tener que salir de casa y por tanto ser menos sociales.

Frente a esta realidad, que no es exclusiva del Archipiélago, ha surgido al unísono una corriente de rechazo al gordo, que trata de, utilizando eufemismos como regordete, rollizo, corpulento, orondo o rechoncho, ocultar una realidad y maquillar ataques despiadados. Pero no todos las agresiones son iguales, unas más evidentes y otras soterradas.

En Reino Unido, su primer ministro David Cameron quiere eliminar las prestaciones sociales a los desempleados con problemas de obesidad que no cumplan el tratamiento médico para adelgazar; y en Puerto Rico, un senador promueve que se multe con 800 dólares a los padres de niños obesos y se les acuse además de maltrato si durante un período de tiempo los menores no muestran mejoras.

La «caza de brujas» está servida, además de «invisibilizar» ahora también se quiere «criminalizar» a los gordos, pero muy poco o nada se habla de que entre las múltiples razones del sobrepeso está la pobreza o que influye y mucho el nivel educativo en estas batallas. Y en estas, el ciudadano de a pie duda seriamente de si este repentino interés de la dirigencia política no esconde un temor porque esta situación que han promovido durante decenios ahora se les revierta convirtiéndose en una pesada carga financiera.

Quizá por este motivo, el económico, se ha instalado en nuestra cotidianeidad lo que algunos denominan como gordofobia. Las personas con sobrepeso son excluidas y ridiculizadas a diario. Se les mira por encima del hombro y de forma ciertamente despectiva. Comprar ropa en una tienda de moda o viajar en un «low cost» se convierten en tareas imposibles e impensables, pero también se les rechaza por enfermos o por torpes y vagos; se les dice que son y serán incapaces de ser felices.

Y no es fácil ir a contracorriente. No se trata de obligar a la gordura, sino de erradicar la culpabilidad o la estigmatización. Debemos resistir frente a todo aquello que nos mueva a odiar al otro o, incluso, a nosotros mismos. Hay que matar la culpa para asegurar que renazca el respeto y la dignificación de las personas.

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