ELBLOGOFEROZ, OPINIÓN, SOCIEDAD

Tenemos un problema

Después de lo que ha sucedido en las últimas semanas en cuanto a «terrorismo machista» en España, pocas palabras más pueden sumarse al debate social, que pese a todo debe continuar desarrollándose. La opinión pública debe pronunciarse sin fisuras y consciente de que no se puede seguir por esta senda.

Quizá las dos principales claves estén en que existe un problema de recursos para que «todas» las víctimas puedan sentirse «protegidas» y, sobre todo, que debemos admitir que como sociedad tenemos un grave problema. Si no se atienden estos dos vértices, poco se podrá hacer para acabar con esta situación.

Lo cierto es que, aparentemente, existe una mayor concienciación ciudadana. Así la violencia machista ha dejado de ser considerada como un «asunto privado» para consolidarse como una cuestión de Estado. No vamos aquí a referirnos a los números, que de todos son conocidos. Pese a esto, no se nos puede escapar que el machismo continúa campando a sus anchas, incluso en «los países más desarrollados». Siempre son hombres los que ocupan los puestos clave en el mundo económico-financiero, el político y el militar. También en el ámbito religioso. Claro está, cuanto más desarrollado es el país, más sutil es la forma en que cristaliza esta malsana superioridad del hombre sobre las mujeres.

Aunque se pretenda lo contrario, muchos son los ejemplos diarios que vienen a corroborar que la tendencia más común es que una mujer «para serlo» debe tener descendencia, dedicarse al cuidado de los demás y mantenerse bella. Tres virtudes éstas que dinamitan cualquier posibilidad de que se haga efectivo ese artículo 14 tan bonito de «nuestra» Constitución, ese que habla del derecho a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y, por lo tanto, elimina toda posibilidad de discriminación por razón de sexo. El machismo condena a las niñas que se expresan de una forma diferente o alternativa en los colegios, a las jóvenes que quieren ser dueñas de sí mismas o a las mujeres adultas a las que se les impide desarrollarse en libertad.

Debemos seguir avanzando para acabar con él. Sería injusto no admitir que ha habido importantes cambios sociales en este ámbito, sobre todo en la última década; pero debemos seguir caminando hacia la igualdad real. No debemos transigir más tiempo con la violencia económica que se ejerce sobre las mujeres (a las que se les impide acceder al dinero, a la propiedad, a la educación o a un empleo digno), ni tampoco con la violencia social, igual de devastadora.

El camino seguirá siendo complicado, pero pasa por el «empoderamiento» o toma de conciencia de las mujeres. Su papel social debe variar en el ámbito privado (pareja y familia), y también en el público (laboral y social). El objetivo fijado es lograr relaciones verdaderamente igualitarias entre hombres y mujeres. Sólo así acabaremos con el terror.

Este artículo ha sido publicado en El Blogoferoz.

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ECONOMÍA, ELBLOGOFEROZ, OPINIÓN

Eliminar al sindicato

El actor norteamericano Tom Cruise ha vuelto a las andadas este verano estrenando una nueva entrega de su «Misión imposible» y, una vez más, nada se ha dejado al azar, ni siquiera el nombre de los malos. Debe afrontar, en esta ocasión, su tarea más quimérica: eliminar al Sindicato, una organización criminal secreta internacional. Si hiciésemos un «infantil» juego de asociación de ideas entre esta singular misión y la realidad parece que «el bueno de Tom» ya tendría el trabajo medio hecho ya que los sindicatos tradicionales no pasan por su mejor momento.

La situación sindical en España no es óptima y parece de complicada recomposición. Se estima que en el país había en 2010 una tasa de afiliación del 18,9 por ciento, lo que supondría algo más de 2,8 millones de personas sindicadas. Siempre según los datos del informe «La representación sindical en España» editado recientemente por la Fundación 1º de Mayo.

No hay indicadores que inviten a pensar que el escenario haya mejorado de forma significativa en estos últimos años. El escenario es tan complejo que en el periodo 2003-2010 cayó nueve puntos el porcentaje de trabajadores que conocía que había representación sindical en su empresa. Se pasó del 53 al 44 por ciento. Asimismo, la tasa de afiliación en el sector privado cayó al 15,1 por ciento y entre las mujeres se situó en un débil 16,8%. Pírricos números si tenemos en cuenta que en teoría las organizaciones sindicales nacen para defender y promover los intereses de la clase trabajadora.

Hay que recordar que nos movemos en un campo eminentemente dialéctico, ya que en el ámbito laboral se da una compleja confrontación de intereses entre patronal y empleados. No se trata de una lucha de buenos y malos, sólo de constatar que hay posiciones diferenciadas por razones obvias.

Siendo esto así habría que preguntarse acerca de la razón de las cifras. Es oportuno señalar que la devastadora crisis ha influido y mucho para acabar en este páramo en el que nos encontramos. La precarización del mercado de trabajo tampoco ayuda en nada a la participación sindical. Pero quizá haya también otras razones de carácter interno que las propias organizaciones sindicales deberían asumir y corregir cuanto antes. Entre ellas, la información y comunicación que se tiene con los asalariados y la opinión pública.

En ocasiones da la impresión de que los sindicatos se han olvidado de que son instituciones fundamentales en el modelo de Estado que nos hemos dado. Deben recordar que son imprescindibles y que, entre otras cuestiones, deben ser garantes de que haya una opinión pública crítica, ya que esto es base de la democracia. Deben, de igual forma, explicar con solvencia que no son una organización criminal cualquiera en una superproducción de Hollywood sino que su razón de ser es la defensa del Estado social. Además deben adaptarse a la nueva realidad global y la irrupción de las nuevas tecnologías. Aunque muchos problemas no hayan variado desde el siglo XIX, la sociedad y el escenario sí. La misión no debe ser imposible, ya que sólo con organizaciones sindicales comprometidas y patronales serias se podrá revertir el actual descalabro existente en nuestras relaciones de trabajo.

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ELBLOGOFEROZ, OPINIÓN, PERIODISMO

Panem et circenses

«El calor dispara la venta de hielo y amenaza las existencias en España». «Parecer resacosa, la nueva moda en Japón». «Las fans de Bruce Springsteen se concentran en Peralejos de las Truchas». Tras leer estos titulares, podríamos deducir que son propios de un 28 de diciembre cualquiera o que el verano está haciendo más daño del esperado en las redacciones periodísticas del país. Pero no, estamos ante noticias reales que se han difundido con relativa relevancia en varios medios de comunicación.

Estas «noticias», que en otro tiempo ocuparían espacios de mero entretenimiento, han pasado a ser una constante principal en los medios de comunicación y a adquirir una importancia notable. Casi sin darnos cuenta se ha sustituido lo que importa por lo que impacta.

Este «delicado» fenómeno, completamente consolidado en la actualidad, se denomina «infoentretenimiento» y viene a ser aquel espacio dominado por los sucesos o hechos triviales, y que presentan las noticias serias con una visión frívola, uniforme y residual. La finalidad no es otra que «enganchar» al ciudadano y, por lo tanto, obtener altos rendimientos económicos sin apenas contrapartidas. Se trata pues del conocido «panem et circenses» que inventaron los romanos.

La anécdota es ahora la única protagonista, restando así poder a la información veraz y al análisis y la contextualización. La consecuencia directa de la generalización de esta práctica es la guillotina de la capacidad de contar con una opinión pública crítica y de calidad. Se cercena la posibilidad de que los ciudadanos estén «in-formados» y, por tanto, se limita su desarrollo cultural y educativo. La cuestión es muy seria; sobre todo en el ámbito político, ya que un ciudadano sabe al detalle cómo y dónde veranea el presidente del Gobierno, pero no tiene información alguna acerca de cuáles fueron las últimas decisiones que tomó el Consejo de Gobierno antes de tomarse unos días de asueto.

Quizá por esto, dos de cada tres españoles desconfía en las noticias a las que accede, según ha señalado recientemente el informe «Digital News Report 2015». Pero todo tiene solución, la investigación y la ética pueden ser un buen comienzo dejando a un lado la vil mercantilización. El negocio debe ser atender a las necesidades informativas, ya que todo tiene un valor, también el periodismo.

En este trasiego no se puede confundir al ciudadano, ya que lo estremecedor no siempre es sinónimo de mejor información. Sólo es impacto. También se debe combatir la «censura invisible», esa impuesta desde los distintos poderes y que promueve que no se hable de ciertos temas, que son trascendentales y sí tienen interés para la sociedad. El periodismo debe ocuparse de lo que importa, que para eso está. Lo otro es simplemente otra cosa.

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CULTURA, ELBLOGOFEROZ, OPINIÓN

Un Quijote para el verano

Hace unas semanas terminé de releerme «El Quijote», me apetecía revisitar –tal vez por los tiempos que corren- una historia en la que alguien sin intereses espurios no duda en encomendarse a las leyes de caballería y se lanza a la aventura para combatir gigantes y encantamientos varios con el simple objetivo de ayudar a los «menesterosos» del planeta.

Casi al mismo tiempo se hacía público un informe del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que desvelaba que el 41 por ciento de los españoles no ha leído absolutamente nada de la novela de Miguel de Cervantes y que sólo el 21,6 lo ha hecho de forma íntegra. Pero quizá lo más alarmante o llamativo sea que casi el 32 por ciento de quienes no la han leído se hayan justificado en que «no les gusta leer».

De este modo tenemos que, si nos atenemos a “Los hábitos de lectura y compra de libros en España en 2012”, documento elaborado por la Federación de gremios de editores, sólo el 57,1 por ciento de los canarios lee en su tiempo libre y el 41,7 compra libros alguna vez. Los residentes en el Archipiélago están ligeramente por debajo de la media nacional en estos ratios. Destacan igualmente los valores de quienes leen sólo por cuestiones profesionales. También ha caído la edición de obras, pasando de las más de 900 en 2008 a los 673 libros del año pasado.

Afortunadamente, los niveles de abandono temprano o fracaso escolar continúan descendiendo, pero revertir esta situación –de escaso interés por las letras- no es tarea sencilla y más con la atronadora fuerza de lo audiovisual, que se impone. Hay multitud de estudios que señalan, por ejemplo, que el porcentaje de usuarios de Internet que leen todo el contenido de una página web es «pírrico». Lo habitual es «escanear o barrer» los textos buscando palabras clave y no profundizar. Aquí, como en todo, influye de forma sustancial el nivel de alfabetización de la persona en cuestión. A los de menor nivel les costará más entender los contenidos y, por esta razón, deben ir palabra por palabra.

A esto se suma, una nueva dialéctica y, además, una nueva forma de relacionarse. Todo evoluciona vertiginosamente. Parece que el papel va dejando paso inexorablemente a las pantallas inteligentes. Lo que viene (o lo que ya ha llegado) no es ni mejor, ni peor; es otra forma de comunicarse. Pero hay que tener presente, que no se puede dejar a un lado la reflexión. Por muy rápido que parezcan ir los tiempos, hay que dejar espacios suficientes para poder pensar atenta y detenidamente. De lo contrario, mal vamos.

Quizá por eso siempre será bueno volver al Quijote para que, como a él, de vez en cuando se nos llene la fantasía «de todo aquello que leamos en los libros, así de encantamientos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles»; y se nos asiente de tal modo en la imaginación que sea verdad «toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones» leídas, y que para nosotros «no haya otra historia más cierta en el mundo». Lo deberemos hacer, aunque el precio a pagar sea la locura.

Este artículo ha sido publicado en El Blogoferoz.

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