OPINIÓN, PERIODISMO, POLÍTICA

Me gusta el fútbol

En otro tiempo, no tan próximo como tal vez desearía, me gustaba el fútbol. Era lo que tocaba. Pero me gustaba de una forma singular, quizá hasta extraña. Me gustaba que ganaran los míos, que para eso eran los míos. Daba igual que el equipo contrario tocase mejor el balón, fuera más ofensivo o, perdonen la candidez, hubiese merecido ganar por lo demostrado en el terreno de juego. Si ganaban los míos, sabía que al día siguiente no habría burlas a mi costa porque sería yo quien tendría «la sartén por el mango» en esas lides. Los míos eran los mejores, por eso me gustaba el fútbol. Con el paso del tiempo esas preferencias se fueron diluyendo como al azúcar en el café amargo. Y ahora, desde una incómoda distancia, me sorprende que aquella actitud persista entre los adultos que me rodean y se extienda «como las manchas de aceite», sin que nadie ponga remedio, a otros campos de juego. Algunos lo llevan todo a su terreno, dan igual los datos, las verdades, da igual todo porque las cosas están bien hechas si las hacen los suyos. Evidentemente no son herederos de aquellas madres de los ochenta del siglo XX que anteponían el coscorrón a cualquier explicación o excusa, que preferían cortar por lo sano para que nadie las dejase en la vergüenza de admitir que no eras como te habían criado. Ahora ya poco importa, da igual que el presidente del gobierno mienta o que sus acólitos censuren lo que hace la oposición y apenas dos meses después se justifiquen haciendo ellos lo mismo. Y los otros callan porque están a lo suyo, que evidentemente no es lo nuestro; es lo suyo, jugar al ajedrez para que sus piezas encajen en un ya maltrecho tablero. Parece que no les importa el resto y ya se sabe que «a río revuelto ganancia de estafadores». Tanto es así que ahí está la legislación vigente, que siempre beneficia a los mismos, los mismos que tienen nombre y apellidos, aunque pocos se atrevan a nombrarlos en voz alta. Y en este clima calimoso estamos los periodistas capaces de retorcer las palabras para que todo parezca mejor, menos grave o para contar las derrotas, las penas y las muertes como si no fueran con nosotros, como si nosotros viviésemos en islas lejanas. Contamos el drama del paro o la pobreza energética justo antes de hacer lo propio con una sonrisa en los labios con ese vídeo «tan mono» que se ha vuelto viral donde un perro de Oklahoma hace una auténtica monada. Todo en el mismo saco. Y vuelvo al fútbol, ese deporte que se ha reducido a dos equipos, solo dos, y miro apenado a los «hooligan», sufridores de a pie, a los que les toca defender lo indefendible, ya que sus principios no pasan por ningún valor supremo sino que cambian de dirección como el viento, limitados a los posesivos: los míos, los tuyos, los suyos…

Estándar
OPINIÓN, SOCIEDAD, TERTULIA

Hiperlocal

De los grandes temas nacionales e internacionales, hemos pasado a un tratamiento más de bisturí, más hiperlocal, más cercano. Así el pasado 21 de julio abordamos en la tertulia del programa «Un día +» de El Día Televisión desde los problemas por la presencia de ratas en un edificio abandonado, las medidas de seguridad en las romerías de verano o la lucha de los ganaderos dedicados al sector lácteo. No nos olvidamos de los dependientes.

Tertulia.

Estándar