OPINIÓN, PERIODISMO

A los periodistas se nos acaban las excusas

El trajín diario a veces nos hace despistarnos, no mirar de frente a las cosas y reflexionar. A veces, las cosas más ilógicas, por repetidas, nos hacen un requiebro y se presentan como auténticas certezas. Es ahí cuando un rumor se hace noticia. Las filtraciones siempre son interesadas y hay algunas que, por descabelladas, no deberían sobrevivir más allá de un par de horas, pero no siempre es así. Es aquí cuando el ejercicio del periodismo se esfuma. «No le doy credibilidad, pero dicen por ahí que…» Otros recurren a esa estupidez de la política-ficción, como si eso fuera algo decente. La «matraquilla» reina, aunque sin ningún poso de verdad. Y en ese corre, corre todos tiramos para delante, como si nos persiguiera el fracaso más absoluto. Si lo publica ese gran medio de comunicación, nosotros, los buenos, no podemos ser menos… Y las tertulias se llenan de contenido, de sustancia, de mentiras. Pero da igual, porque todo el mundo sabe que esa idea primigenia, ese rumor interesado, no tiene nada de verdad. Todo el mundo periodístico, salvo los incautos, los inocentes que aún siguen creyendo en que no todos dan puntada sin hilo… Ya tenemos las portadas, las aperturas, los titulares… Unos han conseguido lo que querían, despistarnos del paro, de la pobreza, del fracaso escolar, de los juicios llenos de corruptos o de los desaguisados sanitarios… Los otros, embobados, creemos que sus cuitas son verdaderamente importantes, que sus tejemanejes para poner y quitar merecen la pena, que son interesantes, que los ciudadanos deben saber de ellos. Pero llegará un día en el que al periodismo canario llegue la cordura. Ya hay voces que insisten en ello. No puede ser, no se puede seguir así, sin destaparles las vergüenzas por más tiempo. Lo que nos exige la sensatez es ante el rumor confirmarlo o, sin más, olvidarlo. Y es que hay mentiras fácilmente demostrables, pero no nos dejan pensar, no quieren títulos, no quieren preparación, no quieren experiencia ni profesionalidad, quieren que tiremos para delante con lo que haya, que todo dé igual para que sigan ganando los mismos, los de siempre… Ellos. Y lo peor es que a los periodistas en Canarias se nos acaban las excusas, la mala costumbre de comer no puede estar siempre latente porque, aunque queramos estar inmaculados, los virajes, los cambios de rumbo, la decencia siempre tiene un precio. Nada sale gratis, las huelgas obreras obtienen derechos laborales, pero van aparejadas a despidos y pobreza. Decir otra cosa, sería mentir. La lucha por una información decente no va a ser un camino de rosas, no lo está siendo. ¿Cuántos están en la fría calle ya? Pero aún así, habrá que desbrozar sin piedad lo que está en el sendero para alcanzarla.

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