OPINIÓN, PERIODISMO

La pregunta

En el atril el político de turno. Enfrente una decena de periodistas. Solo uno pregunta, el resto aguarda. Aguarda a que llegue «la pregunta» o a que todo termine cuanto antes porque hay más cosas que hacer. No dice gran cosa o sí, depende de cómo se mire. Acciones aprobadas, a emprender… ¿Y esto cómo lo vendo yo? Se pregunta más de uno de los que escucha atento. El que pregunta se crece, es un toma y daca. A todos nos gusta no solo escucharnos, sino también que nos escuchen. Son sus minutos de gloria. A los veintisiete minutos todo finaliza. Hasta la próxima, se dicen unos y otros. A eso se reduce todo. Y hay quién se pregunta por qué no lo emiten por streaming, que lo de ir a los sitios para que no digan nada es una pérdida de tiempo. Otros, más sagaces, esperan en su redacción a que les lleguen la nota y los audios. Mira la hora que es y todavía no han enviado nada, se impacientan. Y, luego, claro está, llega la desilusión: ¿Para esto tanto rollo? Pero si no ha dicho nada, y nadie le preguntó por lo que había que preguntarle… Así nos va, esta profesión se muere, repiten cual letanía. Pues sí, tal vez se muera, lo hará poco a poco. Lejos de altas reivindicaciones, siempre justas y acertadas, por el camino nos estamos dejando el buen hacer, ese sencillo placer de preguntar para saber. Siempre hay una razón para no preguntar, para no ir a los sitios, para dejar que todo pase como si no pasara nada… Las nuevas tecnologías lo han mejorado todo, ahora es más fácil informar de lo que sucede en todas partes. Pero al mismo tiempo, se ha perdido un poco el oficio, la artesanía que lleva aparejada todo buen trabajo. Quizá el artículo 20.1 apartado d de la constitución se merezca un poco más por parte de todos. A veces se nos olvida que para comprender lo que nos rodea, no es suficiente con ver las imágenes de un partido de fútbol o las de una catástrofe en Asia. Alguien tiene que contextualizar, alguien debe estar en los sitios para contar lo que nos pasa a todos…

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