ECONOMÍA, OPINIÓN, SOCIEDAD, TERTULIA

De las pensiones y las políticas alternativas

¿Son los pensionistas un estorbo para la sociedad? ¿El actual sistema de la seguridad social es sostenible? ¿Deben ir juntos a las próximas elecciones generales Podemos e Izquierda Unida-Unidad Popular? Estas y otras cuestiones aborda Pedro Montes Fernández, presidente de Socialismo 21 y economista de reconocido prestigio durante la tertulia del programa «Un día +» de El Día Televisión.

Tertulia.

El programa fue emitido el pasado 21 de abril de 2016.

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Nueve de cada diez alimentos básicos, importados

Estar enclavados en eso que la generalidad llama «Occidente» tiene algunas ventajas. Una de ellas es poder ir casi a cualquier hora o día a un supermercado y hacernos allí con ingentes cantidades de comida. La variedad es inimaginable, casi incalculable. Hallamos carnes de todos los colores, pescados de todos los sabores y frutas, muchas frutas, aunque no estén en temporada. Eso no importa.

Esta abundancia está aparejada con esa manía tan «occidental» de devorar, casi de depredar todo cuanto está a nuestro alcance. ¿Por qué conformarse con pollo, si también podemos comer un poco de pavo, avestruz, gallina y hasta alguna que otra perdiz? ¿Qué sería de nosotros sin nuestras tarjetas de crédito o sin centros comerciales a donde ir a parar? Y de fondo siempre suena aquella máxima que popularizó Sydney Pollack, la que nos susurraba danzad, danzad, malditos.

Y en ese «baile del acaparar» estamos como peces en el agua sin preguntarnos nada. Como si no nos importara. Pero el caso es que se estima que Canarias cuenta con una soberanía alimentaria que ronda el diez por ciento. Esto viene a significar que nueve de cada diez productos básicos que consumimos son producidos fuera del Archipiélago y hay que pagar para traerlos.

La voracidad del consumismo impuesto, la globalización y las políticas públicas de alimentación tienen que ver mucho en esto, que parece que poca solución pueda tener. Canarias cuenta con unas 13.200 explotaciones agrarias que cubren unas 68.900 hectáreas de terreno, pero cada vez hay menos superficie agraria útil. Las Islas siguen ese camino que ya han recorrido otros territorios del planeta: cada vez menos explotaciones, pero muy extensas, dedicadas a un único cultivo.

Aunque el sector primario haya ganado empleo, en el último año se pasó de 23.600 a 24.900 ocupados, el peso en el producto interior bruto de la economía archipielágica sigue siendo pírrico. Hace 30 años, la realidad era bien distinta. El sector suponía el 5 por ciento del PIB y daba empleo al 11,5 por ciento de los trabajadores de las Islas en 1985.

Cuentan los números que cada vez importamos más cereales, legumbres o papas. También que sólo producimos tres de cada diez litros de leche que consumimos y el 15 por ciento de la carne. Así, el 89 por ciento de carne de vacuno que comemos es de importación, al igual que el 75 por ciento de la de pollo o el 73 de la porcina.

No sería complicado enlazar estos resultados con las políticas de desarrollo seguidas en Canarias. Habría que analizar qué ha sucedido con las «ínclitas» ayudas a la importación, que quizá debieron nacer para consagrarse al espíritu de la autosuficiencia. No estaría de más estudiar, además, cómo va el negocio de los intermediarios. Y después, limpios ya de polvo y paja, podríamos irnos de tournée por todos los mercadillos del agricultor promocionando eso que viste tanto del consumo local…

Este artículo ha sido publicado en El Blogoferoz.

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El clima que nos viene

Todo podría cambiar el próximo mes de diciembre o no. A partir del 30 de noviembre se celebra en París la vigésimo primera Conferencia de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015. Una cita que podría ser clave para el futuro de todos, aunque haya quienes aún siguen manteniendo que el cambio climático no es algo real. Como si oyeran llover, algunos dirigentes públicos dudan de los estudios científicos…

Frente a estos escépticos, la comunidad científica se ha aliado para constatar los aumentos de la temperatura y del nivel del mar, también el derretimiento de los polos o la mayor frecuencia de los fenómenos climáticos extremos. Cuestiones éstas que podrían parecernos lejanas en el espacio y en el tiempo si no fuera porque también hay informes científicos que hablan de cómo será la realidad del archipiélago en las próximas décadas.

El proyecto «Climatique», desarrollado en Canarias y Marruecos hace algunos años, vino a confirmar que en los próximos cuarenta-cincuenta años el Archipiélago contará con temperaturas más altas y menos lluvias –sobre todo en invierno-, y sufrirá los efectos de la elevación del nivel del mar. Si bien es cierto, que se trata de previsiones, los estudios realizados dejan bien a las claras que de continuar todo como hasta ahora la agricultura se vería seriamente afectada y las Islas perderían aún más autonomía alimentaria. Parece lógico que si sube la temperatura y las precipitaciones se reducen, el campo necesitará más agua. Los costes se dispararían, ayudados también por la salinización de los pozos costeros.

La escasez de agua –una vez más en la historia de Canarias- se convertiría en uno de nuestros principales problemas. La desalación y depuración de aguas tendría que crecer exponencialmente y esto obligaría a tener que mejorar mucho su gestión y ahorro. La proximidad a la costa de las instalaciones hidráulicas contribuiría además a que se den episodios de inundaciones debido a la nueva realidad del océano, cuyo nivel habría crecido.

Por si esto no fuera poco, se añadiría el grave inconveniente del reparto de agua. Los sectores económicos (industrial, turístico o agrícola) rivalizarían por el control del agua. El turismo además se vería ciertamente afectado ya no sólo por la falta de agua, sino también por que las altas temperaturas alterarían las temporadas turísticas tal y como las conocemos hasta ahora. Los episodios de fuertes lluvias concentrados en intervalos cortos de tiempo y la virulencia del mar producirían daños en las infraestructuras. También el mar erosionaría la actual costa con lo que la mayoría de las playas desaparecerá.

Esta nueva realidad debe servirnos de acicate para comenzar a revertir esta situación. El objetivo de «París 2015» es lograr un nuevo acuerdo internacional sobre el clima que mantenga el calentamiento global por debajo de los 2ºC. Hay quienes alertan de que será insuficiente. Quién sabe qué sucederá en la capital gala, pero independientemente de lo que pase debemos tomar conciencia cuanto antes. Nos va la vida…

Este artículo ha sido publicado en El Blogoferoz.

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Salario final: 355 euros

Asumir como normales cuestiones que en absoluto lo son. A eso nos ha llevado esta crisis que aún atravesamos. Todo ello aderezado con un desconocimiento interesado de «nuestros» derechos. Cuando hace apenas unos años, muchos sectores sociales se escandalizaban porque a nuestros jóvenes –aquellos tan recordados como añorados mileuristas– no les daba para independizarse, ahora cualquiera firmaría sin pensarlo por una cifra similar.

Los datos son más que esclarecedores. Más de un millón cuatrocientas mil personas en España cobra una nómina mensual de 355 euros brutos. Según el “Análisis gráfico de la pobreza y la desigualdad laboral” elaborado por CCOO, en 2013, una de cada cinco personas que trabajaba por cuenta ajena percibía menos de 700 euros brutos, siempre en 14 pagas.

Este informe sindical es demoledor. El 12,3 por ciento de los trabajadores recibía en 2012 una remuneración igual o inferior al salario mínimo interprofesional. Claro está, esta situación no es igual para todos. Este escenario perjudica siempre más a las mujeres, el 17,4 por ciento frente al 7,5 de hombres vive con estos ínfimos jornales.

Lejos de ser una excepción, las cifras empeoran en Canarias. Así tenemos que, según la Encuesta de Estructura Salarial del INE, en 2013 los trabajadores en las Islas percibían 3.529,93 euros menos de media que los del resto del país. Pero ya sabemos que, en esto de las cifras, los números suelen ser caprichosos y, aunque la media de sueldo bruto en el Archipiélago fuera de 19.167,93 euros, la mayor parte de los empleados en las Islas cobraba menos de 16.405,41.

Las diferencias crecen considerablemente al comparar tipos de contrato. Un empleado con un contrato indefinido en Canarias cobra de media 4.161,66 euros más que uno con una relación contractual de duración determinada. Evidentemente las diferencias con la media nacional resultan, también aquí, bochornosas.

Todo este escenario no puede llevarnos a confusión. Estamos hablando, sin florituras, de pobreza. Hace ya casi dos años que la propia Comisión Europea admitió en uno de sus múltiples informes que sólo sale de la pobreza la mitad de quienes encuentran un empleo. Siendo esto así, pocos movimientos se han visto para revertir este drama: «ni si quiera con un empleo se sale de pobre».

Todo lo contrario, quienes podrían poner en marcha mecanismos para erradicarlo piden más sangre. Las consecuencias de esta auténtica fractura social, tarde o temprano, se verán. Las primeras alarmas ya están sonando y quien no quiera oírlas también será responsable. Barrios degradados, ciudadanos perdidos o jóvenes acostumbrados a no tener esperanza. La limosna de los 355 euros al mes terminará saliéndoles, saliéndonos demasiado caro.

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500 familias más sin hogar

¿Cómo atajar la indiferencia? Quizá por exceso, hemos ido poco a poco inmunizándonos ante el aluvión de cifras nefastas que lo anegan todo. Más de 1.200 millones de personas en el planeta subsisten en la extrema pobreza y las desigualdades entre ricos y pobres se van ensanchando irremisiblemente. Al mismo tiempo los derechos se van achicando. En estos tiempos, tener un empleo ya no garantiza salir de la miseria.

Pasamos por las cifras como si no las entendiéramos o, peor, como si no las reflexionáramos. Hace unos días, el INE contaba que durante el segundo semestre del año -de abril a junio- se habían certificado 973 ejecuciones hipotecarias sobre viviendas en Canarias. De esas, 512 eran propiedad de personas físicas. Esto viene a decir, ni más ni menos, que más de medio millar de familias se han quedado sin casa, sin un hogar en el que vivir.

Da igual que el derecho a una vivienda «digna y adecuada» esté reconocido en el artículo 47 de la Constitución vigente, aquí el que no tiene dinero se va a la calle y todo lo demás es literatura. También es poética el artículo 33, ese que limita el derecho a la propiedad privada al cumplimiento de la función social; o el de la tutela judicial efectiva del 24.

Desde el 1 de enero de 2014, se han ejecutado más de 3.000 hipotecas sobre viviendas propiedad de personas físicas. Y no sucede nada… Al respecto, en el Parlamento de Canarias, hay registradas varias comparecencias y preguntas por escrito por parte de los diferentes grupos parlamentarios. Habrá que esperar al diálogo de sus señorías. En su día no dio resultados la ley canaria «antidesahucios», suspendida por el Constitucional. Más tino tendrá la iniciativa de la Vicepresidencia autonómica de mediar entre «las entidades financieras» y los afectados. Eso, que medien y solucionen.

Ante un «presunto» repunte de la economía, hay quienes prefieren ocuparse de otros asuntos como si ya no hubiera problemas. El curso informativo se ha abierto con múltiples entrevistas a los políticos «de siempre». Ahí están las elecciones generales acechando a la vuelta de la esquina y también sus cuitas internas. Y los remedios siguen estando por llegar. También continúan ahí las ONG abriendo sus puertas y los Servicios Sociales de los ayuntamientos atendiendo a las víctimas. La vida sigue.

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Eliminar al sindicato

El actor norteamericano Tom Cruise ha vuelto a las andadas este verano estrenando una nueva entrega de su «Misión imposible» y, una vez más, nada se ha dejado al azar, ni siquiera el nombre de los malos. Debe afrontar, en esta ocasión, su tarea más quimérica: eliminar al Sindicato, una organización criminal secreta internacional. Si hiciésemos un «infantil» juego de asociación de ideas entre esta singular misión y la realidad parece que «el bueno de Tom» ya tendría el trabajo medio hecho ya que los sindicatos tradicionales no pasan por su mejor momento.

La situación sindical en España no es óptima y parece de complicada recomposición. Se estima que en el país había en 2010 una tasa de afiliación del 18,9 por ciento, lo que supondría algo más de 2,8 millones de personas sindicadas. Siempre según los datos del informe «La representación sindical en España» editado recientemente por la Fundación 1º de Mayo.

No hay indicadores que inviten a pensar que el escenario haya mejorado de forma significativa en estos últimos años. El escenario es tan complejo que en el periodo 2003-2010 cayó nueve puntos el porcentaje de trabajadores que conocía que había representación sindical en su empresa. Se pasó del 53 al 44 por ciento. Asimismo, la tasa de afiliación en el sector privado cayó al 15,1 por ciento y entre las mujeres se situó en un débil 16,8%. Pírricos números si tenemos en cuenta que en teoría las organizaciones sindicales nacen para defender y promover los intereses de la clase trabajadora.

Hay que recordar que nos movemos en un campo eminentemente dialéctico, ya que en el ámbito laboral se da una compleja confrontación de intereses entre patronal y empleados. No se trata de una lucha de buenos y malos, sólo de constatar que hay posiciones diferenciadas por razones obvias.

Siendo esto así habría que preguntarse acerca de la razón de las cifras. Es oportuno señalar que la devastadora crisis ha influido y mucho para acabar en este páramo en el que nos encontramos. La precarización del mercado de trabajo tampoco ayuda en nada a la participación sindical. Pero quizá haya también otras razones de carácter interno que las propias organizaciones sindicales deberían asumir y corregir cuanto antes. Entre ellas, la información y comunicación que se tiene con los asalariados y la opinión pública.

En ocasiones da la impresión de que los sindicatos se han olvidado de que son instituciones fundamentales en el modelo de Estado que nos hemos dado. Deben recordar que son imprescindibles y que, entre otras cuestiones, deben ser garantes de que haya una opinión pública crítica, ya que esto es base de la democracia. Deben, de igual forma, explicar con solvencia que no son una organización criminal cualquiera en una superproducción de Hollywood sino que su razón de ser es la defensa del Estado social. Además deben adaptarse a la nueva realidad global y la irrupción de las nuevas tecnologías. Aunque muchos problemas no hayan variado desde el siglo XIX, la sociedad y el escenario sí. La misión no debe ser imposible, ya que sólo con organizaciones sindicales comprometidas y patronales serias se podrá revertir el actual descalabro existente en nuestras relaciones de trabajo.

Este artículo ha sido publicado en El Blogoferoz.

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Las deudas ahí siguen

Debemos menos, pero seguimos debiendo demasiado. Esa es la principal conclusión que podemos emitir tras conocer los datos de «deuda viva» de las corporaciones locales canarias hechos públicos por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas recientemente y correspondientes al ejercicio 2014.

La reducción de deuda ha sido relativa, ya que en un año los ayuntamientos y cabildos de las Islas han pasado de deber 1.488 a 1.294 millones de euros, pero no todas las administraciones han obrado del mismo modo. Así, mientras unas han reducido sus compromisos otras las aumentaron de forma sensible.

En el ámbito de los cabildos, destaca la complicada situación de la Corporación tinerfeña, que aunque ha aminorado su deuda sigue copando el 53 por ciento de lo debido por todas estas instituciones. Esto quiere decir, nada más y nada menos, que la administración presidida por Carlos Alonso debe más que los otros seis cabildos juntos. Suma 265,7 millones de los 497,6 de deuda total de los cabildos.

Por su parte, los ayuntamientos tienen una deuda viva de 797 millones de euros, cifra nada desdeñable y que también se ha reducido en el último año. De los 88 municipios, sólo dieciocho tienen cuentas saneadas destacando la situación de San Bartolomé de Tirajana, ya que de este selecto grupo de quienes no deben un céntimo es el más poblado. En el lado opuesto, el Consistorio más empeñado es el de Telde con 114 millones de euros de deuda, lo que supone 1.119 euros por habitante; le siguen Las Palmas con 107 millones (282 euros por habitante); La Laguna con 97 millones (636 euros por habitante); y Santa Cruz de Tenerife con 87 millones (428 euros por habitante).

Este agreste mapa deja en el aire muchas preguntas acerca de la dirección que se ha estado llevando en nuestras administraciones y si el dinero público se ha invertido en lo importante o si por el contrario se ha dedicado a otros fines menos solidarios. Nos guste o no, la dura crisis económica que atravesamos está dejando sobre la mesa una serie de debates que han removido las bases de nuestro modelo social.

Sin saber muy bien cómo, el estado social, ese modelo que nos habíamos impuesto en Europa desde la segunda mitad del siglo pasado, está dando paso a otro esquema de relaciones ciudadanas. Hasta ahora eran escasas las voces que cuestionaban la viabilidad del sistema público sanitario o del educativo, pero esta «severísima travesía por el desierto» ha propiciado que los críticos al modelo hayan impuesto su doctrina y haya calado esa creencia de que, al final, el que quiera medicamentos o ir a la universidad «que se lo pague» como si la financiación de los servicios públicos hasta ahora hubiera sido por «ciencia infusa» y no por la contribución de todos.

En este trance ha aparecido el cuestionamiento acerca del gasto público y se ha recortado sensiblemente, dejando en la cuneta a los más débiles. Los primeros hachazos fueron a las partidas que las clases dirigentes denominaban eufemísticamente «gastos superfluos» sin que nadie les sacase los colores por haber estado gastando el dinero de todos en conceptos que «no eran necesarios» o «estaban de más» porque eso y no otra cosa significa superfluo. La segunda fase de recortes ha sido más desalmada, eliminando servicios asistenciales y reduciendo a la mínima expresión derechos, pero las deudas ahí siguen. Ahora habrá que ver qué nos espera.

Este artículo ha sido publicado en El Blogoferoz.

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